El archipiélago

  • Santa Maria fue la primera isla del archipiélago que fue descubierta, según varios historiadores
  • Vista desde el Mirador de Santa Iria, en la costa norte de San Miguel
  • Serra do Cume en la isla de Terceira
  • Islote de Baixo, refugio de aves marinas
  • Fajã da Caldeira de Santo Cristo en la isla de San Jorge
  • Volcán de Capelinhos – estuvo activo durante un año y añadió a Faial 2,4 km2 de tierra más
  • Montaña de Pico, la montaña más alta de Portugal, con 2351 m de altitud
  • Lagunas Negra y Comprida en la isla de Flores
  • Isla de Corvo vista desde la isla de Flores

Historia

Según la leyenda, hay quien asocia las Azores a la Atlántida, mítico reino insular citado por Platón. Históricamente, se encuentran alusiones a nueve islas en posiciones aproximadas a las azorianas en el océano Atlántico en libros y mapas cartográficos desde mediados del siglo XIV. Pero es con la epopeya marítima portuguesa, liderada por el Infante D. Henrique, con la que las Azores entran definitivamente en el mapa de Europa. Se desconoce si fue Diogo de Silves, en 1427, o Gonçalo Velho Cabral, en 1431, el primer navegador que llegó al archipiélago. El origen del nombre Azores también es objeto de varias teorías. La más divulgada relaciona su designación con las aves encontradas en las islas, los ratoneros, que se confundieron con otra ave de rapiña: el azor. Lo que es cierto es que el Infante D. Henrique impulsa el poblamiento de las islas. Primero al introducir animales, entre 1431 y 1432, y después al enviar colonos, a partir de 1439.

Desde entonces, la población se extiende a lo largo de los siglos XV (grupos oriental y central) y XVI (grupo occidental). Judíos, moros, flamencos, genoveses, ingleses, franceses y esclavos africanos se unen a la gente de Portugal continental para enfrentarse a los duros obstáculos de esta tarea.

Esta épica empresa forja un pueblo que, a lo largo de siglos, resiste a erupciones volcánicas y terremotos, al aislamiento, invasiones de piratas, guerras políticas, enfermedades contagiosas.  La resistencia al dominio español en la crisis de sucesión dinástica de 1580 y el apoyo a la causa liberal en la guerra civil (1828-1834) muestran la valentía de los azorianos.  Ya en el siglo XX, esta bravura sobrevive en la epopeya ballenera, cuando los hombres se lanzan en pequeños botes de madera a enfrentarse, en el inmenso mar azul, a los gigantescos cachalotes.